Ivan y Encarni Adan

Llegamos a Betel en 1989, muy jóvenes y, al mismo tiempo, rotos. Iván estaba sumido en la adicción a las drogas y Encarni cargaba con el «equipaje» de una familia y una vida desestructuradas.
Al principio, nuestra única meta era que Iván se desenganchara para poder llevar una vida «normal». No imaginábamos que Dios tenía planes muy diferentes para nosotros; Sus caminos siempre son más altos que los nuestros. Con el tiempo, ambos sentimos que el verdadero propósito de nuestra existencia estaba en servir a Jesús, siendo Sus pies y Sus manos en la tierra. Así, decidimos quedarnos en Betel para ayudar a otros a encontrar la misma esperanza que nosotros habíamos recibido.
A lo largo de estos 37 años, hemos vivido la mayor aventura de nuestras vidas. Una travesía que nos ha llevado por tres continentes, nos ha regalado tres hijos fantásticos que nos llenan de orgullo y nos ha brindado una familia mundial que siempre ha estado a nuestro lado.
Durante los últimos 20 años hemos vivido y servido en Asia, donde hemos tenido el privilegio de ser testigos del poder de Dios: restaurando vidas, sanando heridas y devolviendo la esperanza a personas a las que la sociedad ya había desahuciado. Un ejemplo de ello son los más de 40 niños rescatados de una infancia de abusos y privaciones; hoy tienen una vida nueva, muchos de ellos con una carrera universitaria y, sobre todo, un futuro brillante por delante.
Ciertamente, no ha sido un camino fácil. Ha habido batallas, oposición, momentos de desánimo, enfermedades y la tristeza de ver marcharse a aquellos que deciden tirar la toalla sin darle una oportunidad a Dios. Sin embargo, el balance es positivo. A pesar de los desafíos, podemos hacer nuestra la declaración del profeta Samuel: «Hasta aquí nos ayudó el Señor».