Testimonios

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Testimonio Antonio
Antonio

Mi vida era un fracaso debido a mi inseguridad. Eso me llevó a estar viviendo en la calle por largos periodos de tiempo, siempre dependiendo de las drogas y otros tipos de adicciones. Entonces mi padre me convenció para ir a Betel. Allí tuve la oportunidad de cambiar mi vida y cortar para siempre con las drogas. En Betel aprendí a cambiar y renovar mi mente. Encontré unos valores, que a día de hoy me influyen mucho en mis decisiones. Estuve casi 7 años en Betel y pasé de ser ayudado, a ayudar a otras personas que traían el mismo problema que yo tuve. También estuve colaborando en Betel Portugal.

Al salir del programa empecé a trabajar y ahora tengo una empresa de gas. Sigo asistiendo a la Iglesia Betel y apoyando en lo posible.  En la iglesia conocí a mi esposa Myriam con la que llevo casado 10 años.  Ahora somos padres de una niña preciosa que hemos adoptado de la India.

Monica
Monica

Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia.  Mis padres se han volcado mucho con mi hermana y conmigo. Nos han dado todo lo que podían. Estudié Auxiliar Técnico en Veterinaria y empecé a trabajar. Con los amigos salía de fiesta y de vez en cuando consumía drogas. Me casé y tuve mis hijos. Después hubo problemas en mi familia y eso me hizo entrar en un espiral de consumir más droga y tener más problemas.

Una amiga me habló de ingresar en un centro, y vine a Betel. Aquí estaba lejos de mi entorno y dejé de ser tan orgullosa. Empecé a valorar todo lo que habían hecho por mí y a reconocer mi parte de culpa. Fue un tiempo de restauración. Mi objetivo es ser una buena madre, una buena hija y una buena mujer. También quiero ayudar a otras chicas. Me encanta ver a las chicas cambiar, es una satisfacción. Si yo he sido capaz de cambiar, las demás también pueden serlo.

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Fran y Monica

Desde muy joven me crié sin padre, aunque mi madre siempre intentó hacer el papel de padre y madre. Comencé a hacer las típicas trastadas que hacían mis compañeros. Esas trastadas se convirtieron en algo más, hasta el punto de verme en un reformatorio con once años. Llegó el tiempo en que me vi totalmente sumergido en el mundo de la heroína, eso también me condujo a la prisión. Allí pasé casi toda mi juventud, con el único deseo de tener cada día una dosis para olvidar todo. Las drogas se convirtieron en la dueña de mi vida.

Me encontraba totalmente perdido por la zona de San Blas, cuando de repente me encontré con Betel. Recuerdo que me dieron un bocadillo y me invitaron a ingresar sin pedirme nada a cambio. Desde ese día muchas cosas han cambiado en mi vida. Conocí a Mónica, que también estaba en el programa por problemas de drogas. Nos casamos, y desde entonces pertenecemos a la gran familia de Betel. Dios nos dio dos hijos, Fran y Victoria y otros dos hijos que tenemos de relaciones anteriores, Patricia y Ahinoa.

Fuimos con un grupo pionero a abrir Betel en Brasil. Estamos muy contentos de estar allí y de lo que Dios está haciendo en las vidas de muchos hombres.

Fulgencio y Cris

El 17 de octubre de 1991 llegué a Betel Madrid, desilusionado pero esperanzado en encontrar una respuesta a todas las dudas que se habían creado a mi alrededor.

De lo que estoy seguro es de que Dios utilizó Betel para doblegarme, esta vez por el amor que encontré y el valor de vivir en comunidad, no mirando tanto hacia mi mismo sino hacia mi prójimo.

Ahora tengo una familia, mi esposa Cris y mis dos hijos. Hemos venido a servir en Betel México, que es un país con necesidad ante la drogadicción. Actualmente tenemos centros en Puebla y Distrito Federal. Han pasado miles de personas por nuestros centros. Mi familia y yo estamos muy agradecidos por todo el apoyo que siempre hemos recibido, aún estando lejos. Siempre nos hemos sentido queridos y amados y como aquel día del año 91.