Testimonios

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Fran y Monica Fundadores de Betel Brasil

Hola, somos Fran y Mónica y queremos compartir con todos vosotros lo que Dios hizo y continúa haciendo en nuestras vidas. Si soy sincero, nunca pude imaginar que en mi vida ocurriesen tantas cosas. Tuve una infancia difícil. Desde muy joven me crié sin padre, aunque mi madre siempre intentó  hacer a la vez el papel de padre y madre. Desde muy joven comencé a hacer las típicas trastadas que hacían mis compañeros. Esas trastadas se convirtieron en algo más, hasta el punto de verme en un reformatorio con sólo once años. Ahí, la verdad, que los niños de mi edad no aprendíamos nada bueno, todo lo contrario, siempre aprendíamos algo malo. Ese aprendizaje me llevó a la delincuencia y seguidamente a las drogas.

Así pasando por internados y reformatorios, cada día, me hacía peor persona. Llegó el tiempo en que me vi totalmente sumergido en el mundo de la heroína, eso también me condujo a la prisión. Allí pasé casi toda mi juventud, con el único deseo de tener cada día una dosis para olvidar todo.

Las drogas se convirtieron en la dueña de mi vida. Fueron los años en que España tuvo esa maldita invasión y muchos jóvenes fuimos afectados.

A los dos meses de salir de prisión de nuevo me vi en las drogas y en delincuencia, y veía que cada día era peor. Llegué a la situación que todas las puertas de mis familiares, sobre todo mi madre y hermanos se cerraron totalmente. Llegué a vivir en la calle durante un periodo, hasta que un día unas palabras de mi madre tocaron mi corazón, ella me dijo: "Fran tienes que buscar solución para tu vida."

A los pocos días, me encontraba totalmente perdido por la zona de San Blas, cuando de repente me encontré con Betel. Recuerdo que me dieron un bocadillo y me invitaron a ingresar sin pedirme nada a cambio. Desde ese día muchas cosas han cambiado en mi vida. Tengo que reconocer que sólo Dios podía hacer eso en mi vida.

Conocí a Mónica, que también estaba en el programa de recuperación por problemas de drogas. Hace 12 años nos casamos, y desde entonces pertenecemos a la gran familia de Betel. Dios nos dio dos hijos, Fran y Victoria y otros dos hijos que tenemos de relaciones anteriores, Patricia y Ahinoa.

Dios a través de nuestros pastores nos llevó con el grupo pionero a abrir Betel Brasil. Estamos muy contentos de estar allí y de lo que Dios está haciendo en las vidas de muchos chicos. En estos años hemos podido vivir verdaderamente el amor de Dios y sentir su abrazo.

Agradecemos a Dios y a nuestros pastores su confianza en nosotros para que podamos ayudar a personas que están totalmente en la oscuridad y puedan ver la luz de Dios.

Fulgencio y Cris Fundadores de Betel México

El 17 de octubre de 1991 llegué a Betel Madrid, desilusionado pero esperanzado en encontrar una respuesta a todas las dudas que se habían creado a mi alrededor. Yo nací en Ceuta. Cuando tenía 16 años en la Iglesia de Dios de Ceuta, me junté con unos jóvenes y fuimos más bien a reírnos de ellos, pero cuál fue mi sorpresa cuando Dios tocó mi corazón y me entregué a Él.

Durante dos años estuve prendido de las cosas que Dios estaba haciendo en mi vida, pero cuando cumplí 18 años todo se esfumó y pareció que todo había sido un sueño.

Después me fui a hacer el servicio militar y ahí se desmoronó todo lo que Dios había hecho en mí. Cuento todo esto porque cuando llegué a Betel tenía conciencia de que Dios podía solucionar mis problemas de una vez para siempre. Recuerdo un principio: “ante problemas grandes; soluciones grandes”, y para un problema de adicción, qué mejor solución que un Dios poderoso que venció al último enemigo: la muerte, y que puede hacer caminos en los desiertos y dar esperanza al borde de la desesperación.

Estando en una reunión en la antigua Iglesia de Betel en la calle Raza, vino un misionero que me dijo de parte de Dios: “es la segunda vez que quiebro tu voluntad”. La verdad es que esta palabra tocó hasta el tuétano de mis huesos. Alguien que no me conocía de nada me decía que Dios me estaba dando una nueva oportunidad después de haber desperdiciado la primera, y así decidí seguir a Jesús. Ahora ya firmemente, y hasta el día de hoy, eso hago por la gracia de Dios.

De lo que estoy seguro es de que Dios utilizó Betel para doblegarme, esta vez por la esencia de amor que encontré y el valor de vivir en comunidad, no mirando tanto hacia ti mismo sino hacia tu prójimo, como dijo el Maestro: ”Lo que quieras que los hombres hagan contigo, eso haz tú con ellos.

Como comenté antes, hace 15 años Dios me trajo a México, si bien ahora no estoy solo como al principio, ahora tengo una familia, mi esposa Cris y mis dos hijos Juan Manuel de once años y Alfredo de diez.

Ya hemos luchado muchas batallas en este bonito país, hemos abierto casas de Betel en seis ciudades y cerrado en tres. Muchos vaivenes, pero un sitio donde mirar con seguridad en la confianza de que todas las cosas están de nuestro lado, que nada ocurre por casualidad y que estamos en el sitio que Dios quiere que estemos, y este sitio es México, un país con necesidad ante la drogadicción.

Actualmente tenemos centros en Puebla, Distrito Federal y Monterrey, y ya han pasado más de 5000 personas por nuestros centros. Dios no ha dejado de moverse hasta el día de hoy, mi familia y yo, estamos muy agradecidos tanto a Dios como a nuestros pastores por todo el apoyo que siempre hemos recibido, aún estando lejos, siempre nos hemos sentido queridos y amados y como aquel día del año 91, quiero que Dios cada día me diga que nuevamente ha quebrado mi voluntad… que así sea hasta el final.