Dios me dio una nueva oportunidad

Hola me llamo Fulgencio y mi esposa Cris. Hace 15 años Betel comenzó su obra en México y yo tuve la oportunidad junto con siete personas más de estar en el grupo inicial.

La verdadera historia comenzó cuatro años antes cuando desesperado por salir de las drogas me hablaron de un sitio llamado Betel, donde podía encontrar solución a todos los problemas que arreciaban mi vida, de la que quedaba poco por rescatar, pues, después de perder a mi familia, y amigos, sólo mi madre y mi hermano tenían alguna esperanza de que saliese de las drogas y me apoyaron en todo para comenzar mi rehabilitación.

Así el día 17 de octubre de 1991 llegué a Betel Madrid, desilusionado pero esperanzado en encontrar una respuesta a todas las dudas que se habían creado a mi alrededor.

Yo nací en Ceuta. Cuando tenía 16 años en la Iglesia de Dios de Ceuta, me junté con unos jóvenes y fuimos más bien a reírnos de ellos, pero cuál fue mi sorpresa cuando Dios tocó mi corazón y me entregué a Él.

Durante dos años estuve prendido de las cosas que Dios estaba haciendo en mi vida, pero cuando cumplí 18 años todo se esfumó y pareció que todo había sido un sueño.

Después me fui a hacer el servicio militar y ahí se desmoronó todo lo que Dios había hecho en mí. Cuento todo esto porque cuando llegué a Betel tenía conciencia de que Dios podía solucionar mis problemas de una vez para siempre. Recuerdo un principio: “ante problemas grandes; soluciones grandes”, y para un problema de drogadicción, qué mejor solución que un Dios poderoso que venció al último enemigo: la muerte, y que puede hacer caminos en los desiertos y dar esperanza al borde de la desesperación.

 

Estando en una reunión en la antigua Iglesia de Betel en la calle Raza, vinieron unos misioneros que, la verdad ni me acuerdo de dónde eran, pero uno de ellos me señaló firmemente y me dio una palabra de parte de Dios y me dijo: “es la segunda vez que quiebro tu voluntad”. La verdad es que esta palabra tocó hasta el tuétano de mis huesos. Alguien que no me conocía de nada me decía que Dios me estaba dando una nueva oportunidad después de haber desperdiciado la primera, y así decidí seguir a Jesús. Ahora ya firmemente, y hasta el día de hoy, eso hago por la gracia de Dios.

De lo que estoy seguro es de que Dios utilizó Betel para doblegarme, esta vez por la esencia de amor que encontré y el valor de vivir en comunidad, no mirando tanto hacia ti mismo sino hacia tu prójimo, como dijo el Maestro: ”Lo que quieras que los hombres hagan contigo, eso haz tú con ellos.

Como comenté antes, hace 15 años Dios me trajo a México, si bien ahora no estoy solo como al principio, ahora tengo una familia, mi esposa Cris y mis dos hijos Juan Manuel de once años y Alfredo de diez.

Ya hemos luchado muchas batallas en este bonito país, hemos abierto casas de Betel en seis ciudades y cerrado en tres. Muchos vaivenes, pero un sitio donde mirar con seguridad en la confianza de que todas las cosas están de nuestro lado, que nada ocurre por casualidad y que estamos en el sitio que Dios quiere que estemos, y este sitio es México, un país con necesidad ante la drogadicción.

Actualmente tenemos centros en Puebla, Distrito Federal y Monterrey, y ya han pasado más de 5000 personas por nuestros centros. Dios no ha dejado de moverse hasta el día de hoy, mi familia y yo, estamos muy agradecidos tanto a Dios como a nuestros pastores por todo el apoyo que siempre hemos recibido, aún estando lejos, siempre nos hemos sentido queridos y amados y como aquel día del año 91, quiero que Dios cada día me diga que nuevamente ha quebrado mi voluntad… que así sea hasta el final.