Del Pozo a la luz

Hola, somos Fran y Mónica y queremos compartir con todos vosotros lo que Dios hizo y continúa haciendo en nuestras vidas. Si soy sincero, nunca pude imaginar que en mi vida ocurriesen tantas cosas. Tuve una infancia difícil. Desde muy joven me crié sin padre, aunque mi madre siempre intentó  hacer a la vez el papel de padre y madre. Desde muy jovencito comencé a hacer las típicas trastadas que hacían mis compañeros. Esas trastadas se convirtieron en algo más, hasta el punto de verme en un reformatorio con sólo once años. Ahí, la verdad, que los niños de mi edad no aprendíamos nada bueno, todo lo contrario, siempre aprendíamos algo malo. Ese aprendizaje me llevó totalmente a la delincuencia y seguidamente a las drogas, y a partir de ahí ya os podéis imaginar qué caos de vida.

Así pasando por internados y reformatorios, cada día, me hacía peor persona. Llegó el tiempo en que me vi totalmente sumergido en el mundo de la heroína, eso también me condujo a la prisión. Allí pasé casi toda mi juventud, con el único deseo de tener cada día una dosis para olvidar.

Las drogas se convirtieron totalmente en la dueña de mi vida. Fueron los años en que España tuvo esa maldita invasión y muchos jóvenes fuimos afectados.

A los dos meses de salir de prisión de nuevo me vi en las drogas y en delincuencia, y veía que cada día era peor. Llegué a la situación que todas las puertas de mis familiares, sobre todo mi madre y hermanos se cerraron totalmente. Llegué a vivir en la calle durante un periodo, hasta que un día unas palabras de mi madre tocaron mi corazón, ella me dijo: "Fran tienes que buscar solución para tu vida."

 

A los pocos días de ocurrir esto, me encontraba totalmente perdido por la zona de San Blas, cuando de repente y sin esperarlo me encontré con Betel. Recuerdo que me dieron un bocadillo y un refresco y me invitaron a ingresar, y lo mejor de todo sin pedirme nada a cambio. Desde ese día muchas cosas han cambiado en mi vida y también en las vidas de lo que no apostaban nada por mí. Tengo que reconocer que sólo Dios podía hacer eso en mi vida. Desde entonces han pasado casi dieciséis años desde que ingresé en Betel.

Hace más o menos doce años conocí a Mónica, que también estaba en el programa de recuperación por problemas de drogas. Hace once años nos casamos, y desde entonces pertenecemos a la gran familia de Betel.

En estos años han ocurrido muchas cosas. Incluso nuestra fe llegó a debilitarse, pero parece que cuando pasas por dificultades, Dios te hace más fuerte.

Tengo que deciros que del matrimonio con Mónica, Dios nos dio dos hijos, Fran y Victoria y otros dos hijos que tenemos de relaciones anteriores, Patricia y Ahinoa.

Hace casi cuatro años, Dios a través de nuestros pastores nos llevó con el grupo pionero a abrir Betel Brasil. Estamos muy contentos de estar allí y de lo que Dios está haciendo en las vidas de muchos chicos. En estos años hemos podido vivir verdaderamente el amor de Dios y sentir su abrazo.

Agradecemos a Dios y a nuestros pastores su confianza en nosotros para que podamos ayudar a personas que están totalmente en la oscuridad y puedan ver la luz de Dios.